Mientras leía nuevamente el libro “Zen en el arte del tiro con arco”, en el cual Eugel Herrigel transmite su experiencia e iniciación en el tiro con arco y su acercamiento a la filosofía Zen, se apoderó de mi la idea de reseñar mi propia experiencia con esta práctica, que no sé cómo ni por qué entró en mi vida. Para que algún día, cuando sea muy, pero muy vieja, pueda volver a revivir en mi memoria esos increíbles momentos que un día tocaron a mi puerta y, dudando, los vi por la mirilla pero igual los dejé pasar, sin imaginarme lo que eso significaría.


15. Sueño o futura realidad

La noche pasa lenta. La penumbra ya no alcanza y la luz de la videocasetera se impone sobre la oscuridad del cuarto marcando algo más de las 3am mientras el sueño se niega a llegar manteniendo mi mente despierta. Mis ojos se abren y cierran y me tienen a su merced. Los obligo a cerrarse nuevamente temiendo que aparezca el sol, pero siguen resistiéndose sin dejar de contradecirme.
Inevitablemente mi conciencia resume con prisa los recuerdos del día y le impone sus pensamientos. Lo nunca dicho me regaña y luego se disuelve en el silencio.
Insaciable, mi mente sigue trayendo recuerdos aun más viejos y los veo venir sin poder hacer nada. Una pose incorrecta, los hombros demasiado tensos y la cabeza muy erguida. Sonrio al repasar aquellas faltas que de a poco he podido superar y que de vez en cuando quieren volver pero les hago frente sin demasiados inconvenientes.
Sin embargo mi mano sigue dándome batalla, negándose a anclar correctamente. Una batalla interminable y agotadora. Mi mente se burla de mí por ser tan ilusa y más despierta que yo me recuerda y se jacta de que es ella la culpable de aquel error mientras me obliga a dejar de inventar motivos.
 Y entre aquellos pensamientos irrumpe una imagen, como una visión. Mi cuerpo relajado sostiene el arco con firmeza y mi mano llega naturalmente hasta mis labios sin inconvenientes. El objetivo se hace visible. En cámara lenta mi mano deja escapar la cuerda,  la flecha se desliza suavemente a través del arco y emprende su triunfante vuelo hasta el centro del blanco.
Tímidamente le pregunto a aquella imagen si tanto soñarla se hará realidad. Pero no me responde y se limita a sonreír mientras se esconde en el rincón de mi conciencia en donde habita. Y entonces le digo que voy a  seguir aprendiendo para entender aquel conjuro; que no voy a dejarla ir.
Mi cuerpo cansado sigue preso de mi mente, esa mente que juega a ganarme, pero que poco a poco se adormece exhausta de tantos pensamientos y le da permiso a mis ojos de cerrarse lentamente dejando que la historia se acabe antes de que salga el sol. 

3 comentarios:

Josep Barceló dijo...

El día que sueltes la cuerda de igual forma que escribes darás tantas veces en el centro de la diana, tus palabras son suaves pero poderosas como suave será la duelta u poderoso el arco que da vida a tus flechas.

Me gusto mucho tu escrito!!

Juanto Fernández dijo...

Genial...
simplemente.

Un abrazo!

Calo dijo...

En verdad, muy inspirador y profundo. Muchas gracias por compartir. Un fuerte abrazo.

Calo


Esta sección recopila cuentos y textos extraídos de distintos lugares. Se respeta la autoría de dichos escritos aclarando, en el caso de ser posible, el autor del mismo.

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