La noche pasa lenta. La penumbra ya no alcanza y la luz de la videocasetera se impone sobre la oscuridad del cuarto marcando algo más de las 3am mientras el sueño se niega a llegar manteniendo mi mente despierta. Mis ojos se abren y cierran y me tienen a su merced. Los obligo a cerrarse nuevamente temiendo que aparezca el sol, pero siguen resistiéndose sin dejar de contradecirme.
Inevitablemente mi conciencia resume con prisa los recuerdos del día y le impone sus pensamientos. Lo nunca dicho me regaña y luego se disuelve en el silencio.
Insaciable, mi mente sigue trayendo recuerdos aun más viejos y los veo venir sin poder hacer nada. Una pose incorrecta, los hombros demasiado tensos y la cabeza muy erguida. Sonrio al repasar aquellas faltas que de a poco he podido superar y que de vez en cuando quieren volver pero les hago frente sin demasiados inconvenientes.
Sin embargo mi mano sigue dándome batalla, negándose a anclar correctamente. Una batalla interminable y agotadora. Mi mente se burla de mí por ser tan ilusa y más despierta que yo me recuerda y se jacta de que es ella la culpable de aquel error mientras me obliga a dejar de inventar motivos.
Y entre aquellos pensamientos irrumpe una imagen, como una visión. Mi cuerpo relajado sostiene el arco con firmeza y mi mano llega naturalmente hasta mis labios sin inconvenientes. El objetivo se hace visible. En cámara lenta mi mano deja escapar la cuerda, la flecha se desliza suavemente a través del arco y emprende su triunfante vuelo hasta el centro del blanco.
Tímidamente le pregunto a aquella imagen si tanto soñarla se hará realidad. Pero no me responde y se limita a sonreír mientras se esconde en el rincón de mi conciencia en donde habita. Y entonces le digo que voy a seguir aprendiendo para entender aquel conjuro; que no voy a dejarla ir.
Mi cuerpo cansado sigue preso de mi mente, esa mente que juega a ganarme, pero que poco a poco se adormece exhausta de tantos pensamientos y le da permiso a mis ojos de cerrarse lentamente dejando que la historia se acabe antes de que salga el sol.

3 comentarios:
El día que sueltes la cuerda de igual forma que escribes darás tantas veces en el centro de la diana, tus palabras son suaves pero poderosas como suave será la duelta u poderoso el arco que da vida a tus flechas.
Me gusto mucho tu escrito!!
Genial...
simplemente.
Un abrazo!
En verdad, muy inspirador y profundo. Muchas gracias por compartir. Un fuerte abrazo.
Calo
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