¿Por dónde empezar? Tantas cosas por decir pero tan difíciles de explicar. A veces quisiera volver al primer día, aquella tarde donde toqué el arco por primera vez. Donde mi ingenuidad escapaba a todos estos nuevos conocimientos. Donde lo natural fluía, la presión no existía, mi mente se relajaba y las flechas salían sin esa carga de preocupaciones que llevan hoy en día y yo… no me culpaba por errar.
El conocimiento implica nuevas responsabilidades, también nos ofrece nuevos caminos, distintas alternativas que debemos aprender a enfrentar. Depende de nosotros la elección, superar las dificultades que se nos presentan, aprovechar los momentos, dar un paso atrás para reconocer los errores, aceptar los retos, llenarnos de paciencia y seguir intentando.
Por momentos siento que estoy estancada, chocándome con nuevas dificultades a cada paso que doy, rebotando una y otra vez en los obstáculos. Prisionera en un laberinto de tiros erróneos, donde tratar de escapar parece ser una misión imposible.
Viejos problemas han resurgido que me obligan a poner un freno y replantear cada paso, cada movimiento que doy. Si mi mente tan sólo se liberara… que sencillo que sería. ¿Pero tendría sentido que todo fuera tan fácil, sin tener nada con lo que enfrentarme, sin tener obstáculos que superar? Si todo fuera sencillo no existiría la satisfacción, la emoción, la alegría y el orgullo que se experimentan en el logro.
Debo dejar de luchar neciamente con el problema, debo tomar distancia para aprender a conocerlo, aceptarlo, olvidarme de el por un momento y así evitar que me torture… y hacerle frente cuando sea el momento.
Me vuelvo a enfrentar en los últimos días al viejo y conocido problema del anclaje, sin poder conseguir sacarle la máxima apertura a mi Limay, explotando y arruinándolo todo por esa prisa de disparar que me persigue tiro tras tiro.
Valoro y admiro la paciencia que me tiene mi instructor, la calma para explicarme y corregirme una y otra vez aquellos errores transmitiéndome esa serenidad que, confío, algún día entrará en mí.
Me encuentro replanteando mi postura, parándome más firme y erguida, enfrentando al blanco desde una nueva posición, una nueva perspectiva que me refleja más segura, aunque por dentro siga fluyendo algo de aquel miedo y esa inseguridad que me acompañan desde hace tiempo. Siento que esta nueva postura comienza lentamente, muy lentamente, a apaciguar esas sensaciones rebeldes que se aferran en mí.
Sin embargo, la magia que envuelve a esta práctica no deja de apagarse ni por un instante. Tengo fe en que algún día voy a poder vencer todo aquello que me impide conseguir la seguridad y naturalidad de un buen tiro. Algún día voy a dominar esa tormenta de tiros fallidos, aparcando el miedo y dejando surgir lo instintivo.
Debo dejar de preocuparme por el tiempo que pueda llevarme y enfocarme en creer que es posible.
Aún tengo tanto que aprender... tanto camino por transitar…
Iré tan lejos como pueda llegar.

1 comentarios:
Irás tan lejos como quieras llegar, si no desfalleces... que no lo harás!
En el camino del arco no existen atajos, y es un camino que exige... como mínimo amar el tiro con arco y por supuesto paciencia con uno mismo.
Solo un arquero puede entender a otro arquero, estamos todos esparcidos por este mundo pero nos une una misma pasión... un mismo camino.
Gracias por mostrarte!!
Robin
Publicar un comentario