Mientras leía nuevamente el libro “Zen en el arte del tiro con arco”, en el cual Eugel Herrigel transmite su experiencia e iniciación en el tiro con arco y su acercamiento a la filosofía Zen, se apoderó de mi la idea de reseñar mi propia experiencia con esta práctica, que no sé cómo ni por qué entró en mi vida. Para que algún día, cuando sea muy, pero muy vieja, pueda volver a revivir en mi memoria esos increíbles momentos que un día tocaron a mi puerta y, dudando, los vi por la mirilla pero igual los dejé pasar, sin imaginarme lo que eso significaría.


05. Un nuevo examen: El Nivel II

Luego de ocho meses de haber comenzado en la escuela mi instructor volvió a sorprenderme con un nuevo examen, esta vez para poder alcanzar el Nivel II.
Como venía haciendo los últimos meses, seguía practicando mi postura y focalización a 18 metros y, de vez en cuando, mi impaciencia volvía a apoderarse de mi y me preguntaba cuando comenzaríamos la práctica a los 20 metros que era la distancia del siguiente examen, pero no me animaba ni quería preguntarle a mi instructor pues sabía que debía ser paciente y esperar que él determinara el momento oportuno del examen.  Y para sorpresa mía, durante una clase que compartía con otro alumno y en la cual estábamos tirando a 18 metros, nos tomó por sorpresa y sin dejar que reaccionáramos a lo que nos íbamos a enfrentar, nos dijo que realizaríamos el segundo examen. Y así fue, sin más preliminares nos pusimos a 20 metros y comenzamos a ser evaluados.  Nuestro instructor nos había anticipado que el examen podía llegar a durar varias clases pues no era fácil realizarlo al primer  o segundo intento y nos pidió que no nos preocupáramos pues en algún momento lograríamos pasarlo.
Con mezcla de nervios y ansiedad, charlábamos y reíamos tratando de disimular nuestro temor mientras hacíamos el primer intento. Las primeras 6 flechas de ambos no acertaron lo suficiente como para pasar al siguiente nivel, así que volvimos a intentarlo, pero fallamos por segunda vez. Sólo hacía falta acertar 3 de las 6 flechas, lo cual para nosotros que tirábamos por primera vez a 20 metros nos resultaba  casi imposible de hacerlo en el primer día.
La charla seguía distendiéndonos sin que nos diéramos cuenta y de esa forma realizamos el tercer intento. Sin imaginarlo siquiera, 4 de mis 6 flechas dieron en el blanco. Una vez más había conseguido avanzar de nivel, una vez más, había conseguido superarme.
Por suerte mi compañero logró hacerlo también en el tercer intento y luego bromeábamos y recordábamos lo que habíamos sufrido durante los minutos que duró el examen. Ese temor que experimentamos se había difuminado por completo, ya habíamos alcanzado el Nivel II.
Las etapas seguían renovándose y los desafíos aún no terminaban…

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