Mientras leía nuevamente el libro “Zen en el arte del tiro con arco”, en el cual Eugel Herrigel transmite su experiencia e iniciación en el tiro con arco y su acercamiento a la filosofía Zen, se apoderó de mi la idea de reseñar mi propia experiencia con esta práctica, que no sé cómo ni por qué entró en mi vida. Para que algún día, cuando sea muy, pero muy vieja, pueda volver a revivir en mi memoria esos increíbles momentos que un día tocaron a mi puerta y, dudando, los vi por la mirilla pero igual los dejé pasar, sin imaginarme lo que eso significaría.


03. Llegando al Nivel I

Y así iban pasando las clases, aprendiendo a llevar a la práctica la postura adecuada que mi cabeza conocía pero que se negaba a dejar salir y, sobre todo, aprendiendo a tener paciencia y confianza en mí misma.
Al llegar a la cuarta clase, luego de precalentar y tirar algunas flechas iniciales, mi instructor me sorprendió informándome que haríamos en ese preciso momento mi primer examen. Totalmente desprevenida de lo que pasaría lo miré tratando de comprender lo que había dicho segundos atrás y dándose cuenta un poco de mi temor me explicó con toda naturalidad en qué consistiría el examen, restándole importancia para que yo no me preocupara.
Pero de todas formas ya había comenzado a preocuparme desde el momento en que lo había mencionado. Para completar mi miedo no estábamos solos pues había otros 3 alumnos que aún no habían terminado su clase pues querían terminar una competencia que habían comenzado entre ellos.
Generalmente la ansiedad aumenta en este tipo de situaciones, sobre todo cuando sentís que otros te están observando, así que  experimentaba una doble presión.
El sistema de exámenes que utiliza la Escuela, similar al de las artes marciales, indican el paso hacia un nivel superior en la disciplina. Para ello hay cinco colores de alumno, que son de menor a mayor destreza: Blanco, Negro, Azul, Colorado y Amarillo. 
Luego, sobre el amarillo se superponen anillos negros por cada nivel de Maestro.
La prueba de nivel blanco es a 10m, la del negro a 20m, y así sucesivamente. 
El examen consistía en disparar 6 flechas  (2 rondas de 3 flechas cada una) a un blanco de color negro de 29cm de diámetro con un centro blanco de 11cm de diámetro a una distancia de 10 metros. Si acertaba 3 de las 6 flechas disparadas aprobaba y pasaba al siguiente nivel, en mi caso, el Nivel 1.
En fin, el momento del examen había llegado y no había forma de evitarlo, así que me dejé llevar por el desafío.
Con el incentivo de mi instructor y tratando de que los nervios no me dominaran comencé mi primer ronda de 3 flechas. Para tranquilidad mía 2 de las 3 flechas habían dado en el blanco! Así que para la segunda ronda la presión era mucho menor pues sólo era suficiente con que acertara 1 de las 3 flechas restantes para alcanzar el Nivel 1. Sin que me diera cuenta la ronda pasó volando y otra vez dos de mis flechas dieron en el blanco. Todo había terminado, la presión y los nervios se habían desvanecido y lo que llegaba ahora era una gran satisfacción y orgullo que desde hacía tiempo no sentía. 

El resto de la clase transcurrió normalmente con la rutina de corregir la postura, asimilar  los errores y sobre todo tratar de aprender a disfrutar los tiros. Pero lentamente algo estaba cambiando, el paraflechas ya no se encontraba a 10mts. sino a 15. El nivel de exigencia aumentaba y un nuevo desafío comenzaba. Un desafío personal…

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